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  ¿Cómo proteger edificios?

El majestuoso hotel del Tigre reencarna en un museo de arte

La vista escenográfica es imponente al final del Paseo Victoria, la extensa y cuidada rambla a la vera del río Luján, donde la gente pasea, hace footing o simplemente observa el sereno desfile de embarcaciones navegando por el Delta. Allí se yergue, monumental y deslumbrante, el flamante Museo de Arte de Tigre (MAT), un prolongado anhelo de la Municipalidad de Tigre y especialmente de su intendente, Ricardo Ubieto, siendo un edificio de gran valor patrimonial. El antiguo Tigre Club había sido inaugurado como Casino en 1927 y su estilo arquitectónico es un magnífico exponente de la Belle Epoque, comenzó a construirse en 1910, bajo el diseño original de Pablo Pater y Luis Dubois.  Por el Tigre Club desfilaron las más encumbradas personalidades de aquella época, desde el presidente Julio A. Roca hasta el poeta Rubén Darío, vale mencionar que el poeta, allí escribió su poema "Divagaciones". Las fiestas de fin de año y los carnavales eran citas obligadas para la sociedad de la época. El edificio se encuentra en Paseo Victorica 972. Los trabajos de restauración y reciclaje de este edificio para convertirse en el MAT llevaron más de 15 años e incluyeron una importante puesta en valor de las cuatro fachadas, de estilo italiano y francés. Las obras fueron encargadas por la Municipalidad de Tigre bajo la dirección del Arq. Hugo Maciñeiras como director de obra, siendo contratado el Arq. Rubén Otero para la ejecución de la restauración de los interiores y el asesoramiento general. El rescate de los frentes incluyendo una generosa terraza sobre el río Luján, totalizando más de 14 mil m2 de revestimientos, fue realizada por productos de la empresa Molinos Tarquini, de reconocida trayectoria en el tema.


Una impronta palaciega, con impecables jardines poblados de hileras en medialuna de petunias fucsia, glorietas y senderos, dan un indicio de lo que será el interior de ese majestuoso portento de 2000 m2 que otrora ocupó el primer casino que tuvo el país y viejo hotel Tigre Club.
Donde antes se escuchaba el trajín de las 25 mesas de ruleta y punto y banca, ahora hechizarán al visitante las históricas creaciones figurativas de 70 grandes maestros nacionales.
Con unas 160 obras, repartidas en siete salas temáticas, el acervo del MAT se erige en un ejemplo encomiable del intendente Ricardo Ubieto, que destinó fondos municipales -cerca de US$ 6 millones entre restauración y obras de arte para rescatar el patrimonio ofrecido en distintas subastas y regalarle a su gente y al país un museo de primer nivel.

Con una histórica mesa de ruleta, flanqueada por antiguas fotos del Tigre Club y acuarelas del arquitecto Pablo Pater que proyectó junto con Dubois la residencia -construida en 1913- se inicia el recorrido museístico que abarca el testimonio iconográfico de los artistas precursores, pone énfasis en el vasto paisaje nacional y en su arquitectura, además de mostrar la fisonomía del Delta, la producción de naturalezas muertas y las formas que adquiere la figura humana. Con entrada general a $ 5, aunque los residentes del partido tendrán acceso gratuito.
 


 

Medidas de seguridad
Cuarenta cámaras escudriñan el interior y exterior del edificio; censores infrarrojos detectan hasta el aleteo de una mosca dentro del recinto; un circuito BMS -Building Management System- regula desde una computadora toda la iluminación, temperatura, humedad y activa alarmas con acceso remoto; todos los ventanales poseen filtros UV para que la luz del sol no dañe las obras. 
En cada sala, además de la reseña que introduce la temática, se destaca una obra o un autor sobre un fondo de color que varía según el salón. En el recinto que alberga a la arquitectura latinoamericana los tonos encendidos de una esquina de La Boca, según la pincelada frenética de Collivadino, contrasta con la paleta sosegada de Aquino para la capilla de Ischilín o los soberbios molinos, impertérritos en su faena, en una vista nocturna y pampeana firmada por Koek-Koek.
Berni, con su interpretación psicológica sobre el alma humana atribulada (Chaquita con zapallo), preside el espacio donde la figura gana en diversidad. Curiosamente, en la sala se agrupan de un lado, los retratos femeninos y del otro, los masculinos. Suman sus voces a esa temática el impresionista Thibón de Libian, que retrata con una ambigua mezcla de crudeza y ternura a una profesora impartiendo su clase de música, muy cerca de uno de las obras preferidos de Ubieto: Viejo leyendo, de Victorica.
Ejemplos más recientes, como el rostro de Paloma, la hija de Alonso, el monumental torso en sanguina de Spilimbergo o la imagen sensual de una mujer, en una acuarela de Roux, completan el envío. La frondosa vegetación de Tigre, con su laberinto de ríos, riachos y canales es otro de los motivos representados por Butler (célebre vecino del Delta), Brughetti, Larco y Aquino,
Esa sala anuncia la diversidad del paisaje nacional: algarrobos, ombúes, ceibos en flor y eucaliptos; planicies y panorámicas serranas o montañosas, gran parte de la geografía nacional que inspiró a los grandes artistas está allí, de la mano de Fader, en Tarde Clara, Carnacini con una insólita vista teñida de tintes azulinos para su paisaje nevado, Malinverno con los últimos rayos de sol, y hasta Molina Campos con un descanso de gauchos en la pampa húmeda.
Ya en el primer piso el atractivo crece con la iconografía de los artistas precursores y viajeros, resaltada por el bermellón de las paredes. Las grandes firmas se suceden con Aguyarí, con La cinchada; Della Valle, con sus Paisanos en la estancia; Pallière, con Exterior de un rancho; Pellegrini, con el Fuerte de Buenos Aires; Rugendas, con un Valle entre montañas, y siguen las firmas: Ripamonte, Demaría y Sívori.
El género de naturalezas muertas se despliega en otra sala, al igual que los temas portuarios, donde el guión curatorial subraya la producción de Quinquela-el favorito de Ubieto-, a partir de cuatro obras antológicas: Día de Sol, Veleros Iluminados, Puerto y Día Gris. Todas obras que dialogan en armonía con escenas debarcas en reposo, el Riachuelo visto a contraluz, y atardeceres brumosos, firmados por Botti, Del Prete, Vaz, Lynch e Imperiale

 

Historia

En nuestro país, los modelos de clubes han variado según los objetivos de los miembros de la institución. Originariamente esta práctica fue llevada a cabo por los miembros de sectores acomodados de la sociedad, quienes formaban centros con ingreso restringido.

A partir de la llegada de los inmigrantes al país, se crean los clubes étnicos, los que ofrecían la oportunidad de vincular entre sí a los socios, mediante fiestas campestres y eventos socioculturales. La acelerada transformación urbana que se dio en el país desde el último cuarto del siglo XIX provocó cambios profundos en la estructura social. Entre ellos, los sobresalientes fueron la conformación de las clases medias y las jóvenes burguesías, que intentaron justificarse como tales a partir no solo de la ostentación de la riqueza, sino de las costumbres que ellas mismas fijaron. Estas instituciones tenían como fin reunir a los caballeros más respetables nacionales y extranjeros, para mantener las relaciones personales y uniformar en lo posible las opiniones por medio de una discusión deliberada y de acuerdo a cuyo nombre adopta por bandera.

Era el lugar ideal para asistir a conciertos y bazares. Allí se leían y se comentaban las novedades económicas y políticas del país y del mundo. Arquitectónicamente se caracterizaban por sus salones de estar, salas de lectura y biblioteca, comedores exclusivos y lujosos, salones para fiestas donde se realizaban los tradicionales bailes de la sociedad, la gran atracción de la season porteña, en la que hombres y mujeres lucían sus mejores galas. Su caracterización variaba en función de su programa o de los gustos del grupo social que le daba vida.

Un cambio notable en la caracterización de este tipo de edificios se produce a partir de la década del veinte. Con la masificación del deporte y la cultura al aire libre, se crean nuevos clubes, pero también sedes deportivas de antiguos clubes en la cercanía de ríos y arroyos, una modalidad anticipada desde principios de siglo por los clubes de remo, todos en estilo pintoresquista trastocado ahora por una preferencia por el Racionalismo o la arquitectura blanca de evocación náutica.

 

TIGRE CLUB

Característico del momento y ligado al esparcimiento, resulta prácticamente inédito en su género y sólo se puede señalar como antecedente el proyecto de "Casino" de Louis Boileau en la École. El Tigre Club resume como pocos las características de la arquitectura Beaux Arts (ver estilos de casas francesas) en su apogeo.

En el aspecto compositivo, se verifica el habitual refinamiento de la volumetría surgida de una planta simple y clara. Esta estrategia se ve potenciada por la relación dialéctica entre los elementos básicos del proyecto -cuerpo principal y puente-, esencial para la aparición del conjunto. Otro aspecto resuelto aquí con singular maestría es la implantación de la obra y su relación con el entorno. Básicamente el Tigre Club no es sino la brillante transcripción de los tradicionales chalets de la zona con su correspondiente terraza muelle. Dentro del espectro de la función, el edificio responde a los múltiples requerimientos en especial aquel de la imagen. En cuanto a los aspectos formales puede decirse que edificios como el Tigre Club termina la arquitectura del eclecticismo historicista y engendra su propio estilo, maximiza el valor de las operaciones proyectuales con elementos arquitectónicos.

Este edificio tiene un estilo renacentista, se construyó con los mejores materiales de la época traídos desde Europa, las escaleras son de mármol de Carrara, los espejos venecianos, el bronce y el hierro forjado predominan en sus pasarelas. Las columnas de base de bronce y la parte superior estucadas (masa de yeso y cola) y un arco de equilibrio y belleza que nace en su entrada principal, atraviesan el Paseo Victoria y termina en glorieta a orillas del Río Luján. Tanto en las Salas como en el Salón Principal sobresalen arañas francesas, caireles de bronce, cristal de roca y bacarat. Los pisos fueron construidos con roble de Eslavonia y los vitrales importados

Un párrafo aparte, merece el fresco del cielo raso, de la nave principal. Fue creado por el artista español Julio Vila Prades, quien diseñó una reunión de ninfas ejecutando partituras con instrumentos de vientos.

En el Casino del Tigre Club, funcionaban 25 mesas de ruleta y punto y banca, que se encontraban en sus imponentes salas de estilo renacentista amobladas y decoradas a todo lujo, que se llenaban de grupos selectos que llegaban hasta allí con sus autos y también con sus lanchas que amarraban a unos pocos metros. Funcionaba cuatro días a la semana durante diciembre, enero, febrero y marzo.

En el año 1978 la MUNICIPALIDAD DE TIGRE, se hace cargo del edificio. A partir del año 1983, y hasta el año 1997, funcionó el Honorable Concejo Deliberante.

El Tigre Club fue declarado Monumento Histórico Nacional en el año 1979.

La comuna propuso la reconversión del edifico en un MUSEO MUNICIPAL DE BELLAS ARTES. Desde el año 1990 arquitectos, ingenieros, restauradores, ebanistas y artistas plásticos, trabajan para que el Antiguo Tigre Club se convierta en el segundo semestre del año 2005 en el MUSEO MUNICIPAL DE BELLAS ARTES, recuperando su merecido esplendor de su época de gloria.

 

Proyecto del frente

 

Memoria descriptiva de la obra del museo municipal de bellas artes.

Se comenzó  la restauración en el año 1990. La tarea de recuperación se encaró con rigor técnico e histórico, con trabajo artesanal y meticuloso, a cargo de especialistas.

La primera tarea que se llevó a cabo fue la consolidación estructural del edificio en su conjunto. La estructura metálica de las columnas por falta de mantenimiento y filtraciones se oxidó, rompiendo el revoque de piedra Paris. Hubo que llegar al alma de las columnas, sacar lo oxidado, consolidar, y rehacerlos revoques, todo por sectores, de allí el extenso plazo de ejecución", explica el profesional a cargo, cabe mencionar entre los trabajos realizados la reconstrucción en su totalidad de la escalera  principal, (revestida en mármol de Carrara), recuperando la totalidad de sus escalones.

Como parte de la consolidación de la restauración de la cubierta y de la cúpula central, se cerró la calle al transito vehicular. De esta manera se evita la degradación del edificio y se favorece la recuperación y restauración de la pasarela.

En el primer piso se llevó a cabo la reconstrucción del Salón Oval con la recuperación del Maruflage. El mismo hace de soporte de la obra pictórica realizada en su momento por el artista Vila Prades.

La terraza que cruza sobre el Paseo Victorica para llegar al río Luján, escenario de los bailes de antaño, mostraba un gran deterioro. Allí se retiraron casi 100.000 baldosas hexagonales originales de mármol de Carrara; se pulieron una por una, y, previa restauración de la losa, se volvieron a colocar. Este trabajo llevo dos años. Los pisos de roble de Eslavonia se repararon con madera de la misma época obtenida de toneles de vino, tarea que llevó cuatro años. Se reparó la araña central, de cristal de roca, de las que sólo hay tres en el mundo. Se recuperaron los dorados y se restauraron los solados haciendo los arreglos necesarios y reponiendo faltantes siempre en roble de Eslavonia.
Había estucos con siete manos de esmalte sintético encima, en los que se descubrió con cateos, la capa original, lo mismo que los dorados.

Todas estas tareas fueron inspeccionadas diariamente por un arquitecto especialista en el tema cumpliendo la dirección de obra Mediante un convenio con Edenor, se obtuvo un estudio lumínico realizado por los técnicos franceses que iluminaron la Torre Eiffel, y la embajada de Francia, que contempla una iluminación diferenciada para días comunes y festivos.
El respeto por el edificio llevó a transformar el Paseo Victorica en peatonal bajo la terraza, para evitar nuevos deterioros producidos por el tránsito vehicular, y especialmente de colectivos.
Justamente junto al Tigre Club, en el antiguo sitio del Tigre Hotel, estaba la Terminal de la línea 60, predio que fue adquirido por la Municipalidad para construir allí la nueva sede del Concejo Deliberante

Intervención en las fachadas

Considerando el relevamiento de deterioros y las distintas patologías que presentaba el revestimiento Simíl Piedra original de las fachadas, así como la proporción de superficie posible de ser recuperada y la que debía de reintegrarse, en directa incidencia con el presupuesto global previsto, se optó por la recreación de la imagen original de la obra a través del uso de revestimiento Neo París, que copia el color y textura original de símil Piedra París, en base a polímeros de última tecnología. Para la operativa de recuperación de las fachadas se han realizado cateos obteniendo de este modo la granulometría  exacta del material de revestimiento. El proceso comenzó con un hidrolavado con la colocación de un puente de adherencia, Símil Piedra con igual granulometría que el existente consolidando y nivelando la superficie de absorción para luego aplicar un revestimiento tipo Neo-París natural. Para esos efectos fue planteada la siguiente metodología de intervención: En primer lugar, se consolidó por medio de inyecciones de carbonatos y adhesivos específicos, la superficie de aplicación en aquellos sectores donde el jaharro y/o enlucido hubieran perdido cohesión con su base. Luego se ejecutaron reposiciones con un símil Piedra París de la misma composición y granulometría que el original, desarrollado por Molinos Tarquini, en aquellos sectores donde los revoques presentaban faltantes, fracturas o desplazamientos. En tercer término se ejecutó una limpieza por hidrolavado a presión controlada y en algunos sectores rebeldes por nebulización. Luego se aplicó un consolidante superficial y nivelador de absorción, el A5E de Tarquini. En siguiente lugar, se aplicó revestimiento Neo Paris Natural con poca carga de árido, desarrollado a partir de las muestras tomadas del color del Símil Piedra original. En síntesis, es importante aclarar que si bien el Neo París se puede aplicar sobre revestimientos antiguos, la superficie debe ser previamente consolidada y preparada.

En el Foyer se procedió a la reposición de faltantes, recuperación de los premoldeados  y se realizó el estucado consolidando  las superficies aplicando inyecciones y adhesivos especiales.

 

páginas relacionadas  www.tigre.gov.ar

 

El majestuoso hotel del Tigre reencarna en un museo de arte

La vista escenográfica es imponente al final del Paseo Victoria, la extensa y cuidada rambla a la vera del río Luján, donde la gente pasea, hace footing o simplemente observa el sereno desfile de embarcaciones navegando por el Delta. Allí se yergue, monumental y deslumbrante, el flamante Museo de Arte de Tigre (MAT), un prolongado anhelo de la Municipalidad de Tigre y especialmente de su intendente, Ricardo Ubieto, siendo un edificio de gran valor patrimonial. El antiguo Tigre Club había sido inaugurado como Casino en 1927 y su estilo arquitectónico es un magnífico exponente de la Belle Epoque, comenzó a construirse en 1910, bajo el diseño original de Pablo Pater y Luis Dubois.  Por el Tigre Club desfilaron las más encumbradas personalidades de aquella época, desde el presidente Julio A. Roca hasta el poeta Rubén Darío, vale mencionar que el poeta, allí escribió su poema "Divagaciones". Las fiestas de fin de año y los carnavales eran citas obligadas para la sociedad de la época. El edificio se encuentra en Paseo Victorica 972. Los trabajos de restauración y reciclaje de este edificio para convertirse en el MAT llevaron más de 15 años e incluyeron una importante puesta en valor de las cuatro fachadas, de estilo italiano y francés. Las obras fueron encargadas por la Municipalidad de Tigre bajo la dirección del Arq. Hugo Maciñeiras como director de obra, siendo contratado el Arq. Rubén Otero para la ejecución de la restauración de los interiores y el asesoramiento general. El rescate de los frentes incluyendo una generosa terraza sobre el río Luján, totalizando más de 14 mil m2 de revestimientos, fue realizada por productos de la empresa Molinos Tarquini, de reconocida trayectoria en el tema.


Una impronta palaciega, con impecables jardines poblados de hileras en medialuna de petunias fucsia, glorietas y senderos, dan un indicio de lo que será el interior de ese majestuoso portento de 2000 m2 que otrora ocupó el primer casino que tuvo el país y viejo hotel Tigre Club.
Donde antes se escuchaba el trajín de las 25 mesas de ruleta y punto y banca, ahora hechizarán al visitante las históricas creaciones figurativas de 70 grandes maestros nacionales.
Con unas 160 obras, repartidas en siete salas temáticas, el acervo del MAT se erige en un ejemplo encomiable del intendente Ricardo Ubieto, que destinó fondos municipales -cerca de US$ 6 millones entre restauración y obras de arte para rescatar el patrimonio ofrecido en distintas subastas y regalarle a su gente y al país un museo de primer nivel.

Con una histórica mesa de ruleta, flanqueada por antiguas fotos del Tigre Club y acuarelas del arquitecto Pablo Pater que proyectó junto con Dubois la residencia -construida en 1913- se inicia el recorrido museístico que abarca el testimonio iconográfico de los artistas precursores, pone énfasis en el vasto paisaje nacional y en su arquitectura, además de mostrar la fisonomía del Delta, la producción de naturalezas muertas y las formas que adquiere la figura humana. Con entrada general a $ 5, aunque los residentes del partido tendrán acceso gratuito.
 


 

Medidas de seguridad
Cuarenta cámaras escudriñan el interior y exterior del edificio; censores infrarrojos detectan hasta el aleteo de una mosca dentro del recinto; un circuito BMS -Building Management System- regula desde una computadora toda la iluminación, temperatura, humedad y activa alarmas con acceso remoto; todos los ventanales poseen filtros UV para que la luz del sol no dañe las obras. 
En cada sala, además de la reseña que introduce la temática, se destaca una obra o un autor sobre un fondo de color que varía según el salón. En el recinto que alberga a la arquitectura latinoamericana los tonos encendidos de una esquina de La Boca, según la pincelada frenética de Collivadino, contrasta con la paleta sosegada de Aquino para la capilla de Ischilín o los soberbios molinos, impertérritos en su faena, en una vista nocturna y pampeana firmada por Koek-Koek.
Berni, con su interpretación psicológica sobre el alma humana atribulada (Chaquita con zapallo), preside el espacio donde la figura gana en diversidad. Curiosamente, en la sala se agrupan de un lado, los retratos femeninos y del otro, los masculinos. Suman sus voces a esa temática el impresionista Thibón de Libian, que retrata con una ambigua mezcla de crudeza y ternura a una profesora impartiendo su clase de música, muy cerca de uno de las obras preferidos de Ubieto: Viejo leyendo, de Victorica.
Ejemplos más recientes, como el rostro de Paloma, la hija de Alonso, el monumental torso en sanguina de Spilimbergo o la imagen sensual de una mujer, en una acuarela de Roux, completan el envío. La frondosa vegetación de Tigre, con su laberinto de ríos, riachos y canales es otro de los motivos representados por Butler (célebre vecino del Delta), Brughetti, Larco y Aquino,
Esa sala anuncia la diversidad del paisaje nacional: algarrobos, ombúes, ceibos en flor y eucaliptos; planicies y panorámicas serranas o montañosas, gran parte de la geografía nacional que inspiró a los grandes artistas está allí, de la mano de Fader, en Tarde Clara, Carnacini con una insólita vista teñida de tintes azulinos para su paisaje nevado, Malinverno con los últimos rayos de sol, y hasta Molina Campos con un descanso de gauchos en la pampa húmeda.
Ya en el primer piso el atractivo crece con la iconografía de los artistas precursores y viajeros, resaltada por el bermellón de las paredes. Las grandes firmas se suceden con Aguyarí, con La cinchada; Della Valle, con sus Paisanos en la estancia; Pallière, con Exterior de un rancho; Pellegrini, con el Fuerte de Buenos Aires; Rugendas, con un Valle entre montañas, y siguen las firmas: Ripamonte, Demaría y Sívori.
El género de naturalezas muertas se despliega en otra sala, al igual que los temas portuarios, donde el guión curatorial subraya la producción de Quinquela-el favorito de Ubieto-, a partir de cuatro obras antológicas: Día de Sol, Veleros Iluminados, Puerto y Día Gris. Todas obras que dialogan en armonía con escenas debarcas en reposo, el Riachuelo visto a contraluz, y atardeceres brumosos, firmados por Botti, Del Prete, Vaz, Lynch e Imperiale

 

Historia

En nuestro país, los modelos de clubes han variado según los objetivos de los miembros de la institución. Originariamente esta práctica fue llevada a cabo por los miembros de sectores acomodados de la sociedad, quienes formaban centros con ingreso restringido.

A partir de la llegada de los inmigrantes al país, se crean los clubes étnicos, los que ofrecían la oportunidad de vincular entre sí a los socios, mediante fiestas campestres y eventos socioculturales. La acelerada transformación urbana que se dio en el país desde el último cuarto del siglo XIX provocó cambios profundos en la estructura social. Entre ellos, los sobresalientes fueron la conformación de las clases medias y las jóvenes burguesías, que intentaron justificarse como tales a partir no solo de la ostentación de la riqueza, sino de las costumbres que ellas mismas fijaron. Estas instituciones tenían como fin reunir a los caballeros más respetables nacionales y extranjeros, para mantener las relaciones personales y uniformar en lo posible las opiniones por medio de una discusión deliberada y de acuerdo a cuyo nombre adopta por bandera.

Era el lugar ideal para asistir a conciertos y bazares. Allí se leían y se comentaban las novedades económicas y políticas del país y del mundo. Arquitectónicamente se caracterizaban por sus salones de estar, salas de lectura y biblioteca, comedores exclusivos y lujosos, salones para fiestas donde se realizaban los tradicionales bailes de la sociedad, la gran atracción de la season porteña, en la que hombres y mujeres lucían sus mejores galas. Su caracterización variaba en función de su programa o de los gustos del grupo social que le daba vida.

Un cambio notable en la caracterización de este tipo de edificios se produce a partir de la década del veinte. Con la masificación del deporte y la cultura al aire libre, se crean nuevos clubes, pero también sedes deportivas de antiguos clubes en la cercanía de ríos y arroyos, una modalidad anticipada desde principios de siglo por los clubes de remo, todos en estilo pintoresquista trastocado ahora por una preferencia por el Racionalismo o la arquitectura blanca de evocación náutica.

 

TIGRE CLUB

Característico del momento y ligado al esparcimiento, resulta prácticamente inédito en su género y sólo se puede señalar como antecedente el proyecto de "Casino" de Louis Boileau en la École. El Tigre Club resume como pocos las características de la arquitectura Beaux Arts (ver estilos de casas francesas) en su apogeo.

En el aspecto compositivo, se verifica el habitual refinamiento de la volumetría surgida de una planta simple y clara. Esta estrategia se ve potenciada por la relación dialéctica entre los elementos básicos del proyecto -cuerpo principal y puente-, esencial para la aparición del conjunto. Otro aspecto resuelto aquí con singular maestría es la implantación de la obra y su relación con el entorno. Básicamente el Tigre Club no es sino la brillante transcripción de los tradicionales chalets de la zona con su correspondiente terraza muelle. Dentro del espectro de la función, el edificio responde a los múltiples requerimientos en especial aquel de la imagen. En cuanto a los aspectos formales puede decirse que edificios como el Tigre Club termina la arquitectura del eclecticismo historicista y engendra su propio estilo, maximiza el valor de las operaciones proyectuales con elementos arquitectónicos.

Este edificio tiene un estilo renacentista, se construyó con los mejores materiales de la época traídos desde Europa, las escaleras son de mármol de Carrara, los espejos venecianos, el bronce y el hierro forjado predominan en sus pasarelas. Las columnas de base de bronce y la parte superior estucadas (masa de yeso y cola) y un arco de equilibrio y belleza que nace en su entrada principal, atraviesan el Paseo Victoria y termina en glorieta a orillas del Río Luján. Tanto en las Salas como en el Salón Principal sobresalen arañas francesas, caireles de bronce, cristal de roca y bacarat. Los pisos fueron construidos con roble de Eslavonia y los vitrales importados

Un párrafo aparte, merece el fresco del cielo raso, de la nave principal. Fue creado por el artista español Julio Vila Prades, quien diseñó una reunión de ninfas ejecutando partituras con instrumentos de vientos.

En el Casino del Tigre Club, funcionaban 25 mesas de ruleta y punto y banca, que se encontraban en sus imponentes salas de estilo renacentista amobladas y decoradas a todo lujo, que se llenaban de grupos selectos que llegaban hasta allí con sus autos y también con sus lanchas que amarraban a unos pocos metros. Funcionaba cuatro días a la semana durante diciembre, enero, febrero y marzo.

En el año 1978 la MUNICIPALIDAD DE TIGRE, se hace cargo del edificio. A partir del año 1983, y hasta el año 1997, funcionó el Honorable Concejo Deliberante.

El Tigre Club fue declarado Monumento Histórico Nacional en el año 1979.

La comuna propuso la reconversión del edifico en un MUSEO MUNICIPAL DE BELLAS ARTES. Desde el año 1990 arquitectos, ingenieros, restauradores, ebanistas y artistas plásticos, trabajan para que el Antiguo Tigre Club se convierta en el segundo semestre del año 2005 en el MUSEO MUNICIPAL DE BELLAS ARTES, recuperando su merecido esplendor de su época de gloria.

 

Proyecto del frente

 

Memoria descriptiva de la obra del museo municipal de bellas artes.

Se comenzó  la restauración en el año 1990. La tarea de recuperación se encaró con rigor técnico e histórico, con trabajo artesanal y meticuloso, a cargo de especialistas.

La primera tarea que se llevó a cabo fue la consolidación estructural del edificio en su conjunto. La estructura metálica de las columnas por falta de mantenimiento y filtraciones se oxidó, rompiendo el revoque de piedra Paris. Hubo que llegar al alma de las columnas, sacar lo oxidado, consolidar, y rehacerlos revoques, todo por sectores, de allí el extenso plazo de ejecución", explica el profesional a cargo, cabe mencionar entre los trabajos realizados la reconstrucción en su totalidad de la escalera  principal, (revestida en mármol de Carrara), recuperando la totalidad de sus escalones.

Como parte de la consolidación de la restauración de la cubierta y de la cúpula central, se cerró la calle al transito vehicular. De esta manera se evita la degradación del edificio y se favorece la recuperación y restauración de la pasarela.

En el primer piso se llevó a cabo la reconstrucción del Salón Oval con la recuperación del Maruflage. El mismo hace de soporte de la obra pictórica realizada en su momento por el artista Vila Prades.

La terraza que cruza sobre el Paseo Victorica para llegar al río Luján, escenario de los bailes de antaño, mostraba un gran deterioro. Allí se retiraron casi 100.000 baldosas hexagonales originales de mármol de Carrara; se pulieron una por una, y, previa restauración de la losa, se volvieron a colocar. Este trabajo llevo dos años. Los pisos de roble de Eslavonia se repararon con madera de la misma época obtenida de toneles de vino, tarea que llevó cuatro años. Se reparó la araña central, de cristal de roca, de las que sólo hay tres en el mundo. Se recuperaron los dorados y se restauraron los solados haciendo los arreglos necesarios y reponiendo faltantes siempre en roble de Eslavonia.
Había estucos con siete manos de esmalte sintético encima, en los que se descubrió con cateos, la capa original, lo mismo que los dorados.

Todas estas tareas fueron inspeccionadas diariamente por un arquitecto especialista en el tema cumpliendo la dirección de obra Mediante un convenio con Edenor, se obtuvo un estudio lumínico realizado por los técnicos franceses que iluminaron la Torre Eiffel, y la embajada de Francia, que contempla una iluminación diferenciada para días comunes y festivos.
El respeto por el edificio llevó a transformar el Paseo Victorica en peatonal bajo la terraza, para evitar nuevos deterioros producidos por el tránsito vehicular, y especialmente de colectivos.
Justamente junto al Tigre Club, en el antiguo sitio del Tigre Hotel, estaba la Terminal de la línea 60, predio que fue adquirido por la Municipalidad para construir allí la nueva sede del Concejo Deliberante

Intervención en las fachadas

Considerando el relevamiento de deterioros y las distintas patologías que presentaba el revestimiento Simíl Piedra original de las fachadas, así como la proporción de superficie posible de ser recuperada y la que debía de reintegrarse, en directa incidencia con el presupuesto global previsto, se optó por la recreación de la imagen original de la obra a través del uso de revestimiento Neo París, que copia el color y textura original de símil Piedra París, en base a polímeros de última tecnología. Para la operativa de recuperación de las fachadas se han realizado cateos obteniendo de este modo la granulometría  exacta del material de revestimiento. El proceso comenzó con un hidrolavado con la colocación de un puente de adherencia, Símil Piedra con igual granulometría que el existente consolidando y nivelando la superficie de absorción para luego aplicar un revestimiento tipo Neo-París natural. Para esos efectos fue planteada la siguiente metodología de intervención: En primer lugar, se consolidó por medio de inyecciones de carbonatos y adhesivos específicos, la superficie de aplicación en aquellos sectores donde el jaharro y/o enlucido hubieran perdido cohesión con su base. Luego se ejecutaron reposiciones con un símil Piedra París de la misma composición y granulometría que el original, desarrollado por Molinos Tarquini, en aquellos sectores donde los revoques presentaban faltantes, fracturas o desplazamientos. En tercer término se ejecutó una limpieza por hidrolavado a presión controlada y en algunos sectores rebeldes por nebulización. Luego se aplicó un consolidante superficial y nivelador de absorción, el A5E de Tarquini. En siguiente lugar, se aplicó revestimiento Neo Paris Natural con poca carga de árido, desarrollado a partir de las muestras tomadas del color del Símil Piedra original. En síntesis, es importante aclarar que si bien el Neo París se puede aplicar sobre revestimientos antiguos, la superficie debe ser previamente consolidada y preparada.

En el Foyer se procedió a la reposición de faltantes, recuperación de los premoldeados  y se realizó el estucado consolidando  las superficies aplicando inyecciones y adhesivos especiales.

 

páginas relacionadas  www.tigre.gov.ar