| UN SUEÑO, La recuperación en la
confitería
DEL MOLINO
Todos nos alegramos al ver la media sombra cubriendo
las ventanas que dan sobre Av. Rivadavia, no habría que desviar más
la mirada para no verlo derrumbarse de a poco cada vez que transitábamos
por la zona del Congreso, nuestras ansias de recuperarlo parecían haberse
encarnado en este fascinante y esperado proyecto. Lo que a simple vista parecía un deseo imposible
podría convertirse en realidad, porque la Confitería del Molino (Av. Rivadavia y Callao) cerrada
desde 1996, estaba cada vez más cerca de su reapertura.
Hacía tiempo que se sucedían rumores, pero ninguno de los dueños accedía a hablar con
la prensa. Pero fue durante la inauguración de la séptima edición de la
mega muestra Estudio Abierto,(nov. 2004) que un integrante de las firmas
propietarias (prefirió no dar su nombre), confirmó: "Se trabaja en
un proyecto de recuperación integral del edificio, que comprende no sólo
la fachada, sino también el espacio de la confitería, con los tres volúmenes
en altura y sus habitaciones. El proyecto fue presentado ante el
programa Fondo de Cultura B. A, por el cual el gobierno porteño distribuye
4,5 millones de pesos anuales como subsidios a artistas, industrias
culturales, micro emprendimientos y para la recuperación de edificios,
considerados como patrimonio histórico. Algunos
de los criterios para la asignación del subsidio fueron que está en el
Área de Protección Histórica (eje cívico institucional), ha sido
declarado Monumento Histórico Nacional y por su alta expectativa social.
La idea era convertirlo en un hotel que brindara servicios especiales y
personalizados a los huéspedes, con salones para eventos, un
café y un restaurante; como el espacio es muy grande se puede hacer un spa y una pileta". Según la Dirección de Casco Histórico
de la ciudad de Bs. As que seria la encargada de evaluar la propuesta y del seguimiento de los
trabajos, el dinero del subsidio se aplicaría al "arreglo de la
fachada, la restauración del cuerpo central y las mansardas" del
edificio.
Pero los trabajos pronto terminaron, nada
se supo, nada se rumorea y EL MOLINO paciente y cada vez más deteriorado
sigue esperando. Reseña
histórica
En
1859, cuando aún no existía la plaza del Congreso, abrió sus puertas
una confitería
llamada Confitería del Centro, ubicada
en la esquina de Federación y Garantías (hoy Rodriguez Peña y
Rivadavia)
en las cercanías del primer molino harinero de vapor de Bs. As. instalado por entonces en
la plaza Lorea. En 1866, este comercio pasó a llamarse Confitería del
Molino, dirigido por los reposteros italianos Constantino Rossi (que eligió el nombre) y Cayetano
Brenna.
En
1905, la confitería se mudó a la actual esquina de Callao y Av.
Rivadavia. En
1911, Brenna
adquirió la casa de Callao 32 y en 1913 la de Rivadavia 1915.
Mientras
en Europa, azotaba, el fantasma de la Primera Guerra Mundial, don Cayetano
decide construir en
esos lotes uno de los edificios más altos de la ciudad. Mandó traer para
ello todos los materiales de Italia; puertas, ventanas, mármoles,
manijones de bronce, cerámicas, cristalería y más de 150 m2 de vitraux. En febrero de 1915 se le encargó la fusión de los tres edificios al arquitecto Francisco
Gianotti, quien se embarcó en la difícil tarea de llevar
a cabo la ampliación de un edificio que siguiese durante la obra
atendiendo a sus clientes, la remodelación de otro y la edificación de un
tercero. Un trabajo complicado que se resolvió más que respetablemente
en menos de un año. Se decidió utilizar columnas metálicas para
interferir lo menos posible en la actividad de la confitería, sobre la
cual se desarrolló el esqueleto de hormigón armado que sustentaría el
resto de las construcciones.
Algunos
detalles fueron resueltos con piezas premoldeadas, como las escaleras y la
estructura de la estilizada cúpula que corona la ochava.
Se
instaló una
marquesina, mármoles, bajorrelieves de bronce, vitrales y una réplica de
un juego de aspas de molino de herrería, que con la torre aguja es símbolo
de la tradicional confitería. La obra, testimonio del art
nouveau en la Argentina, concluyó en
1916. El 9 de julio de ese mismo año se efectuó la gran inauguración. Los
legisladores abrían allí sus cuentas corrientes y Brenna los atendía
con levita. El Molino se había convertido en un verdadero foro para el
debate, la conversación y las citas amorosas. El lugar fue adoptado por la alta burguesía; señoras
"bienudas" y elegantes caballeros vestidos de etiqueta se
volcaron al amplio salón y conocieron las exquisiteces del
establecimiento.. Entre los dulces, las infusiones interminables y la
buena comida, la historia del arte y la política ocuparon un lugar
definitivo dentro de este recinto. Por las mesas del Molino pasaron
Alfredo Palacios, que casi siempre pedía coñac, café y medialunas; Carlos Gardel, que le encargó especialmente a
Brenna un postre para regalarle a su amigo Irineo Leguisamo (así fue como
se inventó ''el Leguisamo", una exquisita combinación de
bizcochuelo, hojaldre, merengue, marrón glacé y crema imperial con
almendras). Lisandro de la Torre y Leopoldo Lugones bebieron copetines en
este lugar; el
tenor Tito Schipa saboreó el champaña y la soprano Lili Pons comió
pequeños sandwiches de miga; mientras Niní Marshall, Libertad Lamarque y
Eva Perón tomaban el té con masitas secas, aunque ninguna compartía su
mesa con la otra.
La muerte de Brenna en 1938 marcó el fin de la
belle époque; y una nueva etapa se abrió para El Molino, regenteado por Renato Varesse hasta 1950 y el pastelero Antonio Armentano,
hasta 1978. Este último
vendió el fondo de comercio y la marca a un grupo de personas que un año
después presentaron quiebra. En ese momento, los nietos de Cayetano
Brenna salieron al rescate del patrimonio histórico y lograron volverlo a
la vida. Con la vorágine cotidiana y las nuevas costumbres, se fueron
introduciendo en la confitería muchos cambios. Se incorporó un salón
bar y un mostrador para comidas rápidas, aunque siempre mantuvo su
tradicional estilo. Después de acoger durante 137 años a los porteños,
la Confitería del Molino cerró sus puertas el 23 de febrero de 1997.
Azotado por los vientos de una severa transformación económica, el
Molino dejo de girar, pese a que los que amamos nuestro pasado guardamos
la esperanza de que algún día vuelva a abrirse. Esta confitería fue
incluida en una lista considerada por la UNESCO para ser declarada patrimonio
art nouveau internacional.
La
Nueva Confitería del Molino fue declarada Monumento Histórico Nacional
el 24 de octubre de 1997, a través del decreto 1110/97 del Poder
Ejecutivo, mientras que el Gobierno de la Ciudad lo incorporó al Catálogo
de Edificios de Valor Patrimonial, Área de Protección Histórica, con un
grado de protección estructural desde 1992, a través de la ordenanza
45.572.
Interiores:
Tiene 3 subsuelos, donde funcionaban su propia planta de elaboración,
bodegas, un taller mecánico y hasta su propia fábrica de hielo. Tenía
salones de fiesta en el primer piso y en 1947 se anexó un edificio
vecino.
Datos curiosos.
-
En 1904, Callao era una calle de tierra llena de árboles.
-
Sus
postres especiales; el merengue, el marrón glacé, el panettone de
castañas y el imperial ruso, curiosamente conocido en Europa como
"postre argentino'', ya que fue creado por Cayetano Brenna en
1917, para solidarizarse con la dinastía zarista, cuando los
bolcheviques asaltaron el Palacio de Invierno.
-
En
1930, cuando las tropas de Uriburu marchaban sobre la Av. Callao, se
produjeron disparos creyéndose que provenían de la confitería y fue
incendiada en represalia, En consecuencia se destruyó el local,
reabriéndolo el 12 de octubre de 1931.
|



desde 1996

foto
1940
|