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Recorriendo baños por Siglos
El ritual del baño ha sido parte de prácticas religiosas como purificación ritual desde épocas tempranas.

En las antiguas civilizaciones, tanto para Egipto, Grecia y Roma, el ritual del baño, tenía dos connotaciones, una religiosa y relacionada con el placer, el poder, la ostentación y la otra con la medicina a través de la utilización de aceites y esencias aromáticas. El baño sigue siendo importante entre hindúes y musulmanes. El mikvah en el judaísmo y el bautismo entre cristianismo derivan de baño ritual. En el antiguo Egipto, el baño era dirigido por un sacerdote quien tenía los conocimientos necesarios para la combinación de ingredientes, recibidos por el Dios Thot que eran suministrados por esclavos dedicados solamente a esa función. Los esclavos bañaban a sus amos con aguas perfumadas con azafrán, canela o mirra y después del baño los untaban con ungüentos y aceites. Al finalizar el baño se iniciaba una ceremonia con guirnaldas de flores para brindar frescura . 

 

Estos ritos no correspondían solo a las clases adineradas, todos los egipcios participaban de ellos diariamente, a pesar que los menos adinerados, lo hacían con elementos más populares. Los griegos más ricos tenían permanentemente el agua preparada para el baño en recipientes especiales en sus palacios y para los más pobres existían pilas de mármoles con agua para baños públicos. 

Todo evento que se preciase de importante incluía un baño para los invitados con posteriores tratamientos con aceites aromáticos que eran suministrados a los comensales por los esclavos. Los romanos eran los más extravagantes y cuando no eran pudientes usaban los baños públicos que tenían capacidad hasta para 2500 personas. El proceso tenía diferentes etapas que iban desde cambios de temperaturas en el agua, masajes, depilación y ungüentos con aceites especiales para salir finalmente envueltos en una túnica caliente. Los primeros baños romanos fueron los de Stabian en Pompeya, construido en el siglo II A.C.

y baños similares públicos fueron encontrados en otras partes del imperio romano. Alrededor de un patio central, usado para el ejercicio estaba el apodyterium (sala de vestir) el calidarium (sala caliente) el laconicum o baño de vapor; el tepidarium (baño caliente) y el frigidarium (baño frío).

Estos recursos fueron duplicados, en una escala más pequeña, para las mujeres. Los suelos y las paredes eran calentados por circulación de aire caliente a través de tuberías, el agua era traída desde grandes distancias a través de acueductos. Entre los siglos I y IV A.C. cinco termas imperiales fueron construidas en Roma. Las ruinas de tres de ellas aún permanecen: los baños de Titus, de Caracalla, y de Diocletian, como las de Pompeya, estas tenían salas de lectura, jardines y gimnasios. Los baños públicos eran el centro de la vida social y un lugar para la relajación y recreación. Muchas obras de arte fueron descubiertas en las ruinas de los baños públicos. La iglesia cristiana temprana, consideró la limpieza física menos importante que la pureza espiritual, desalentando el bañarse en privado y censurando los baños públicos romanos. El bañarse, especialmente en Europa, pasó a ser algo malsano y mal mirado. Los constructores medievales prestaron más atención a las fortalezas y a las chimeneas que al abastecimiento y a los drenajes de agua. Aunque muchas ciudades medievales tenían baños públicos que ofrecían el refresco y la hospitalidad a los ejércitos.

El baño para la mayor parte de la población era considerado una rareza. Frente al oscurantismo en que transcurría la vida durante el medioevo, el baño se vio seriamente afectado. Gracias a las creencias y sabiduría de los ilustrados del momento el ritual del baño llegó casi a desaparecer, los que ejercían la medicina llegaron a aconsejar a las mujeres embarazadas que no se bañaran porque podría ser la causa de criaturas muertas en el momento del nacimiento, de la misma manera se le aconsejaba a príncipes y reyes sobre los  riesgos de tomar un baño.

En las terapias más cruentas junto con las sangría se aconsejaba el baño como medida extrema, es así que en Europa central la nobleza termina transformando las salas de baños de sus residencias o castillos, otorgándole otro tipo de función.

En Europa y en las sociedades islámicas y de Oriente Medio se valoraron los baños para propósitos religiosos, higiénicos, y sociales, algunas grandes ciudades, tales como Córdoba en España, tenían centenares de baños, que hombres y mujeres visitaban por separado, en Constantinopla (Estambul actual) y otras ciudades turcas, los baños públicos sirvieron para las mismas funciones que los baños romanos. Consistían en un cuarto central grande, abovedado, calentado al vapor rodeado por cuartos más pequeños, el conjunto era adornado con mármol o mosaicos. Uno podía pasar el día en los baños, gozando de los refrigerios y satisfaciendo a amigos. Los baños turcos, como los baños romanos, en el tiempo degeneraron en recursos de ociosidad y de indulgencia.

Los japoneses también edificaron grandes construcciones para el baño social si bien cada casa tenía un baño, que era una tina de madera de interior o una piscina de jardín. Los baños públicos eran de origen termal donde muchas familias acostumbraban a bañarse juntas, estas costumbres continúan en el moderno Japón. El espíritu puritano del reformista siglo XVI desalienta la costumbre del baño para las colonias americanas, en los siglos XVIII y XIX el rico adoptó el hábito de visitar los baños medicinales y llegó a ser moda pasar algunas semanas en baños como: Vichy, en Francia, Baden-Baden, en Alemania, o Saratoga, en Nueva York. Los hoteles de lujo, los departamentos de alquiler temporario, los salones de conciertos, y los casinos crecieron alrededor de los baños. En las ciudades del siglo XIX, sin embargo, la suciedad y las enfermedades fueron en aumento como resultado de la revolución industrial y eran invadidas por el humo de las fábricas y atestadas con el trabajo de las mismas. Después de un brote de cólera en Londres, se presentó una demanda para que gradualmente los recursos para bañarse fueran mejorados. Para fines del siglo XIX, las casas privadas de las clases altas eran construidas con cuartos de baño separados provistos de agua corriente mientras que las corporaciones municipales y privadas construyeron los baños públicos para las clases menos pudientes.

Durante el siglo XX el baño va paulatinamente incorporándose a la estructura general de las viviendas, ocupando distintas zonas, hasta estar incluidos en el circuito central de las mismas y llegar a tener hoy una ubicación destacada dentro de un proyecto, que valorizan las propiedades, como las que incluyen habitaciones en suite, de recepción, casi brindando la posibilidad a cada uno de los habitantes permanentes o no, de tener exclusividad de uso. 

De esta manera vemos que la evolución del baño como cualquier otro ambiente, fue acompañando a la de la civilización, dependiendo de las mutaciones que se fueron dando en las condiciones de vida y de las diferentes formas de ver la higiene, ya sea como echo privado o de conductas socializantes. Sumando las transformaciones de conductas sociales y de relación con el pudor, a la evolución de la tecnología y el diseño de equipamientos para baño, los profesionales trabajan hoy sobre proyectos estándares de función junto con componentes industrializados, con el objetivo de lograr zonas privadas de máximo confort.

EN ARGENTINA

Durante lo que podría llamarse una primer etapa pretecnológica, que se extiende hasta la instalación de las primeras redes de agua corriente y cloacas a finales del S. XIX, la estructura de servicios de las casas se caracteriza `por un alto grado de indeterminación espacial. Las actividades higiénicas relativas al cuidado del cuerpo suelen dispersarse en distintos espacios de la vivienda, tales como dormitorios o cocinas, sin una localización específica. Solo las letrinas o "comunes" reconocen un lugar fijo, aunque totalmente segregado del orden jerárquico de los ambientes.

Caracterizada por un fuerte impronta rural, la casa de patios, tipología dominante en el medio urbano argentino durante los siglos XVII, XVIII e inicios del XIX, solía incorporar a las letrinas indefectiblemente en el último de los patios o fondos del terreno, conformando en ciertos casos construcciones independientes. El desagüe de ellas se producía por medio de una conexión a un pozo negro, al que se trataba de distanciar lo más posible de los llamados "pozos de balde". La utilización de los comunes por los dueños de casa parece haber sido sin embargo poco habitual. Ciertos receptáculos  de uso personal, como los llamados "servicios" o "vasos necesarios" a los que se sumaban las bacinillas y los sillicos, permitían satisfacer las necesidades fisiológicas en los cuartos, sin tener que incursionar en el área de servicios de la casa.

Tampoco las varias acciones de lavado e higiene corporal, que comienzan a ser frecuentes a partir de finales del S. XVIII , formaban parte del mismo enseres transportables, desde aguamaniles de porcelana hasta bañeras o tinas de latón, para ese entonces el cuarto de baño no era para la época más que un simple depósito de estos elementos mencionados.

Para las distintas operaciones de aseo, era usual el empleo de agua extraída de pozos, que dadas sus características de salubridad resultaba inadecuada para otros usos. Con el correr de los años se fueron incorporando a la sociedad artículos importados, como los jabones de tocador de Inglaterra, que le dieron un mayor uso y frecuencia a los baños. Paulatinamente comienzan a aparecer los primeros receptáculos fijos diseñados y ornamentados según diversos estilos, que intentan asimilarse al resto del mobiliario de la casa y que hacia 1850 constituyen aún un rasgo de modernidad en nuestro país.

Luego de las sucesivas epidemias que asolaron a nuestro país a fines de la década de 1860 el problema del agua se constituye en una de las preocupaciones centrales tanto para políticos como de la nueva generación de médicos higienistas, que fijan su atención por primera vez en la vivienda urbana y su estructura de servicios.

Una de las personalidades más activas a este respecto fue Guillermo Rawson, quien tanto en su desempeño público como frente a la cátedra de Higiene, puso de manifiesto lo que consideraba las "deficientes condiciones sanitarias de la ciudad de Buenos Aires", dadas tanto por la defectuosa provisión de agua, como por la contaminación de pozos y aljibes que afectaba a todos los estratos de  la creciente población urbana. Una de las principales condiciones de este proceso fue la aplicación por primera ve de una tecnología de escala urbana, que hizo posible dotar de agua potable y de cloacas hacia fines de siglo XIX a un cierto porcentaje de unidades de vivienda. En esta etapa y con esta influencia se crearon los baños "Modelo hospitalario", de espacio higiénico y de acuerdo a las nuevas normas vigentes.

Por otra parte, el abandono de ciertos modelos de viviendas, como la casa de patios, y la adopción entre los estratos altos y medios de la sociedad de nuevas tipologías de vivienda, especialmente el hotel privado y la casa de departamentos, determinan la aparición de los servicios, que difícilmente podían llegar a cumplimentarse sin la aparición de los avances técnicos ya mencionados.

En la vivienda de los estratos sociales medios, como la casa chorizo su implementación suele efectuarse en relación con el resto de los servicios, en particular de la cocina, desvinculándolo de las circulaciones principales.

Los distintos rasgos estilísticos con que suelen dotarse a estas habitaciones, tienden a hacer de ellas, tanto por su mobiliario como por su decoración, una especie de pequeño salón que debía cumplir ciertas condiciones de impermeabilidad de las superficies a efectos de hacerlas resistentes al vapor y para permitir su fácil limpieza. La referencia más o menos erudita a ciertos tipos históricos como el baño "romano" "pompeyano" o "morisco", suele ser frecuente, correspondiéndose con una práctica de diseño coincidente con la aplicada en las restantes habitaciones.

Durante los años treinta, al desarrollarse la Arquitectura Moderna en nuestro país, se incorpora un nuevo concepto de baño que responde en términos generales a la idea de célula, se reducen las dimensiones de la sala de baño, de las que se suprime cualquier tipo de referencia estilística.

 

 

*Agradecemos a proyectando.com.ar


 

Última modificación: 17 de julio de 2008


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